Los perfiles creados con inteligencia artificial han dejado de ser una mera curiosidad en internet y se han integrado con los demás usuarios en las redes sociales. La evolución de las herramientas para crear imágenes, videos y audios ha hecho que muchos de estos personajes digitales sean cada vez más difíciles de diferenciar a simple vista.
Según reportó The Verge, en los primeros años, los influenciadores virtuales eran relativamente fáciles de identificar. Ejemplos como Lil Miquela, Imma o Shudu Gram se presentaban como proyectos digitales elaborados, desarrollados por estudios especializados y con campañas de lanzamiento claras. Sin embargo, la situación actual es muy distinta.
La llegada de herramientas accesibles ha permitido que casi cualquier persona pueda crear un influencer artificial a bajo costo y sin necesidad de contar con conocimientos técnicos avanzados. Empresas como Google y OpenAI han lanzado productos de uso masivo, mientras que otras firmas especializadas ofrecen servicios para generar rostros, voces y movimientos que parecen realistas.
Como resultado, estos perfiles han comenzado a multiplicarse en plataformas como Instagram, TikTok y YouTube. Algunos de ellos se dedican a promocionar productos, otros ofrecen cursos para crear nuevos avatares, e incluso hay casos involucrados en estafas, desinformación o contenido político.
El desafío para las plataformas es que estos personajes digitales no encajan fácilmente en las categorías tradicionales de moderación. En muchos casos, no suplantan a personas reales, no comparten contenido prohibido y no infringen de manera evidente las normas vigentes.
En la actualidad, la mayoría de las redes sociales exige que se etiqueten las publicaciones generadas con inteligencia artificial, especialmente aquellas que presentan imágenes o videos realistas. Sin embargo, estas reglas suelen enfocarse en el contenido y no en la identidad de las cuentas que lo publican, lo que coloca a los influencers artificiales en un limbo.
La magnitud del fenómeno también es incierta. Las plataformas no informan cuántos usuarios son personajes generados por IA, y muchas de estas cuentas pasan desapercibidas. Registros especializados cuentan cientos de influencers virtuales populares, aunque se estima que hay muchos más que no están en su radar.
Algunas consultoras predicen que el mercado de los influencers virtuales podría superar los US$ 60.000 millones hacia 2030, en comparación con unos US$ 12.000 millones estimados para 2026. Además, han surgido agencias dedicadas exclusivamente a representar a creadores sintéticos, premios específicos para estos perfiles y una industria paralela de cursos y herramientas para producirlos.
El aumento de estos influencers también ha comenzado a captar la atención de los reguladores. En Europa, la implementación de nuevas obligaciones de transparencia en la Ley de Inteligencia Artificial podría incrementar la presión sobre las plataformas para identificar contenido generado artificialmente.
A pesar de esto, el debate fundamental sigue abierto. Mientras las redes sociales continúen obteniendo interacción y tiempo de permanencia de estos perfiles, tendrán pocos incentivos para frenar su crecimiento. Para los críticos, el peligro radica en que la presencia masiva de cuentas artificiales pueda deteriorar la confianza de los usuarios y lleve a más personas a buscar espacios digitales donde sea posible distinguir claramente entre humanos y máquinas.
Con información de Montevideo Portal

